Empezar, comenzar, iniciar…palabras que nos dicen que estamos en el punto de partida, en el comienzo de algo que antes no existía. Pero cuando ese comenzar tiene que ver con dos personas, dos almas, dos universos que se encuentran, estamos en el punto de partida del enamoramiento, ante un nuevo crecimiento, un nuevo aprendizaje.

 

“El encuentro entre dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman”.
Carl G. Jung

 

La valentía de exponernos a una relación, de “sentir” o volver a sentir, es exponernos al encuentro con el/la otro/a, pero sobre todo al encuentro con nosotros/as mismos/as, pues nos estamos abriendo a escuchar cuáles son nuestros deseos y lo que pretendemos o queremos de esa unión.

 

 

Y llega el enamoramiento con sus intensas emociones y muchas veces con el proyectar en el otro/a nuestras necesidades. Un encuentro en el que “somos mucho más que dos” pues cada uno llega con sus respectivas familias de origen, con sus historias, vivencias, tristezas, alegrías, lealtades y reglas.

 

¿Por qué volcamos nuestras
necesidades en la pareja?

 

Porque la pareja será el espejo de los conflictos sin resolver de ambas personas, de aquello que no se ha solucionado y se reclama en la relación de pareja.  Si no hay conciencia de esta actitud, volcaremos en esa unión aquello que necesitamos y creemos que la persona nos puede cubrir, la mayoría de las veces deseos y anhelos inconscientes muy antiguos, heridas que se formaron en la infancia en donde se estableció nuestro esquema relacional afectivo y que ahora como adultos repetimos en el intercambio con la pareja.

 

¿Pero por qué si todo tiene que ver con un anhelo,
un deseo guardado desde hace mucho tiempo atrás
depositamos en esa persona nuestra necesidad?

 

Porque una vez más sentimos la simbiosidad en una relación.  La primera unión simbiótica fue con nuestra madre, por la cuál obtuvimos el impulso para la vida, el beneficio de existir y el beneficio mutuo del desarrollo vital. Y gracias a esa relación hemos subsistido, de lo contrario no estaríamos aquí.  Ahora, como adultos, esa relación de fusión, de unión, se vuelve a repetir en la pareja.

En la infancia el hecho de pertenecer a nuestra familia, nos produjo alegría y placer sin importar si lo vivido en ella fuese bueno o no tan bueno, saber que éramos parte de algo fue los que nos dio ese bienestar.  De adultos necesitamos volver a sentir esa pertenencia en otras personas, especialmente en la pareja, la que abriga nuestras necesidades de placer, intimidad y confianza física.

 

“Lo perfecto no ejerce ningún atractivo sobre nosotros.
Descansa en sí mismo, lejos de la vida normal.
Únicamente podemos amar lo imperfecto.
Sólo de lo imperfecto nace un impulso de crecimiento,
no de lo perfecto”
Johannes Neuhauser

 

Un gran logro en una relación de pareja se dará cuando ambos puedan aceptarse a sí mismos tal como son y aceptar al otro/a tal como es, con lo que gusta y con lo que no.  Y cuando sienta que algunas de mis necesidades están cubiertas por la pareja, pero también tenga muy claro y mucha conciencia de que muchas de esas necesidades no lo están ni lo estarán, estaremos ante el amor adulto.

El amor adulto se traduce en “tomar al otro/a tal como es”.  En poder decirle: “Gracias por haberme sido regalado. Gracias por ser como eres” descubriendo con respeto y amor a la persona y sus particularidades.

 

Leticia Paisal Álvarez

Psicóloga

Colegiado 21128

 

Bibliografía:

  • Neuhauser, J. (2002) “Lograr el amor en la pareja” El trabajo terapéutico de Bert Hellinger con parejas. Barcelona: Editorial Herder.
  • Garriga, J. (2013). “El buen amor en la pareja”. Barcelona: Editorial Destino.

 

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